Nazaret-Tabor-Loreto-Argmagedón

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La Sagrada Escritura y, consecuentemente, las lecturas de la Misa a lo largo del año litúrgico, nos hablan de la Anunciación (Lucas 1,26-38; 25 de marzo), la vida de la Sagrada Familia en Nazaret (“Después de Navidad”: 8 de enero); de la Transfiguración del Señor (Mateo 17, 1-9; Marcos 9, 2-10; Lucas 9, 28b-36; “2º Domingo de Pascua”),  en el Monte Tabor según la tradición, y del dramático intento de los nazarenos convecinos de Jesús de asesinarle despeñándole (Mt. 13.53-58; Lucas 4, 16-30; Marcos 6:1-6; el lunes de la tercera semana de Cuaresma). En concreto, S. Lucas nos narra:

«En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada NazaretEn aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio”. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo».

 

Siempre se ha dicho que una de las mejores formas de meditación religiosa de las Escrituras es situarse en la acción, tiempo y lugar del relato. Por supuesto, esto es válido para analizar la historia en general. Por ello he tenido interés en estudiar, al menos mínimamente, Tierra Santa y la historia ocurrida en aquellos lugares.

Empecemos por Nazaret. Era una pequeña población de lo que fue Reino de Israel, situada a unos 100 km al Norte de Jerusalén, entre el Mar de Galilea y Samaría. Está situada en la falda y casi cumbre de una zona montañosa (estribaciones meridionales de los montes de la Baja Galilea), a unos 350 m sobre el nivel del Mar Mediterráneo, y tiene a levante la amplia Llanura de Esdrelón (Valle de Jezreel) en el que destaca el Monte Tabor (575 m sobre el nivel del mar, algo menos de 400 sobre su base), a unos 10 km, y el gran Lago Tiberiades, a unos 25 km (Cafarnaún está a unos 30 km). A poniente, en la costa y a unos 45 km, se encuentra Haifa con el Monte Carmelo.

Nazaret es la mayor ciudad de población palestina de Israel. En el interior de su gran Basílica de la Anunciación se encuentra la capilla con la Gruta de la Anunciación, anexa a los cimientos de lo que fue la casa de la Sagrada Familia, la cual estaba formada por la misma y las tres paredes que, tras un milagroso viaje varias etapas para salvarla de la persecución mahometana, acabó en Loreto en 1294 [i].

La situación de Nazaret al borde de la Llanura de Esdrelón permite imaginar con facilidad la escena del casi deicidio de Jesús. Así mismo, incluso permite imaginar que pudiera ser que Nuestro Señor concediera a su Madre ver desde el pueblo la transfiguración que sucedía en el Tabor.

Por último, a unos 20 km al Suroeste de Nazaret se encuentra Megido. En cuyas inmediaciones se entablaron tres célebres batallas, una durante el siglo XV A.C. (entre el faraón Tutmosis III y el rey cananeo  de Kadesh, una de las más antiguas documentada), y otras dos, en los años 609 A.C. (los ejércitos de Egipto vencieron a los del reino de Judá) y 1918 (anglo-turca). Pues bien,  Armagedón es un término bíblico del Apocalipsis (Cap. 16, versículo 16) que deriva de la expresión hebrea que significa monte Megido (Har Megiddo en hebreo). Según la interpretación literal del libro de S. Juan, en Armagedón, durante la Sexta Plaga, tendrá lugar la batalla final, tras la cual acontecerá la Segunda Venida de Cristo, la Paruxía.

Contigua en el tiempo litúrgico con las lecturas de la Misa citadas, la del 3er Martes de Cuaresma, relativa al perdón, nos habla de aquel siervo que debía a su rey 10.000 talentos. Pues bien, El talento era una unidad contable que equivalía a unos 50 kilos de plata, y se empleaba para medir grandes cantidades de dinero (Cfr. 2 Sam 12, 30; 2 Rey 18, 14). En tiempos del Señor, el talento era equivalente a unos 6.000 denarios, y el denario aparece en el Evangelio como el jornal de un trabajador del campo. Diez mil talentos eran unos 60 millones de denarios, una suma inmensa, imposible de pagar. Recuérdense los 10.000 talentos que Cartago tuvo que pagar a Roma al final de la Segunda Guerra Púnica en el año 201 A. C., los cuales equivalían a 270 toneladas de plata.

Ojalá estos datos y reflexiones ayuden a la comprensión de la Sagrada Escritura y su mensaje.

[i] Nª Sª de Loreto

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